RAQUEL LIEBERMAN – II

ENIGMAS

Prolífica en su producción, en esta muestra, Raquel Leiberman nos acerca a un mundo complejo. Sus obras son fotografías intervenidas donde en cada una cuenta una historia con más interrogantes que respuestas. Imágenes superpuestas dan lugar a un gran dinamismo. Nuestros ojos recorren sin fin sus superficies llenas de movimientos en sus composiciones superpuestas. Imágenes oníricas, surrealistas logran que nos internemos en la profundidad de los enigmas que cada obra nos ofrece. Leiberman no nos muestra una obra fácil pues requiere de un contante cuestionamiento.

Olga Correa

Curadora

Serie ¿Es este un mundo…?


Los ruidos del mal resuenan en explosiones rojas de misiles.
¿Es bajo el signo de la bestia?

Las cenizas se alzan en túneles oscuros de humillación.
Si los límites del hombre se desdibujan, ¿desaparece el alma?
¿Si se degrada el hombre? Va desapareciendo.
¿Se convierte en un infierno sin rostro?
¿Son sombras vacías sobre un suelo de anulación del otro?
Y seguirán como muertos que viven en mí.

¿Qué es un hombre sin dignidad?
Un eco vacío, una sombra más en este paisaje desolador.
La violencia del silencio acompaña a la indiferencia,
un espectro que todo lo observa sin inmutarse.
Se confronta la oscuridad del mundo y de nosotros mismos.

Serie Historias que no terminan

Las narrativas efímeras se encuentran en las profundidades.
Capturan instantes suspendidos en el tiempo, ecos de historias que se resisten a desvanecerse.  
Se entrelazan en una danza íntima de palabras silenciadas y finales abiertos.  
Devela la profunda conexión entre el ser y su entorno.
Fragmentos de un relato inconcluso, que explora silencios y espacios.
Es imaginar historias ocultas donde las miradas se pierden, los gestos se congelan y los escenarios susurran secretos entre sombras.
Es sumergirse en la ambigüedad.
Es abrazar la incertidumbre y es construir tus propias interpretaciones.

Serie Lilith

Fue la primera mujer de Adán.
Como transgresora obtuvo la expulsión del paraíso y de la historia oficial.
Con Adán tuvo una unión tormentosa, ella se sentía igual al hombre, por lo cual no aceptaba ninguna
subordinación.
Abandonó a Adán y se transformó en espíritu del viento.
En este camino pensó que tenía derecho con su cuerpo, de gozar de su erotismo y de la sexualidad.
Entonces con igualdad de derechos pudo tener su propia voz.
Lilith prefirió ser demonio antes de renunciar a su deseo.
Libera así los límites de su imaginación y de su conocimiento.

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